Las aventuras de una rubia de bote

Os confieso que hace unos años me dicen que voy a ser rubia, y me reiría yo de la pitonisa de los poderes 'vaticinantes'.

Ya pasada la treintena y con unas canas que no me dejaban vivir tranquila, decidí ponerme en manos de un estilista (No peluquero, estilista) y en ver cómo realizaba su maravillosa misión de 'estilizarme'. Y me estilizó... Un buen corte de pelo que me ayudó a volver a peinarme lo mínimo: un corte shaggy con el que tu pelo adquiere más volumen y aliado total de las que por la mañana tenemos que elegir entre peinarnos y desayunar. Además, mi estilista, (ya es mío) me regaló unas sorprendentes mechas rubias con las que juró y perjuró que las canas pasarían desapercibidas por más tiempo.

Todo verdad. Este hombre se ha vuelto para mí, lo que Osho, es para los estresados. Me encantan las mechas pero, claro, hay un pero. Digamos que he tenido que pagar un pequeño precio. Subsanable, eso sí: la suavidad.

Una vez que te sumerges en el maravilloso mundo de las mechas rubias, no puedes parar. Eso de estar perfecta crea adicción...Entendedme, no la adicción de antes, que rozaba la manía cada vez que te veías las canas (las cucarachas del cuerpo humano) Adicción, por cuidarte, por girarte cuando te llaman rubia, por hacer el chiste de las rubias no somos tontas... Por eso, y por recuperar la suavidad que vas perdiendo cada vez más.

Como todo tiene solución, llamas a tu nuevo gurú, el estilista, y le pides un consejo. Te imaginas que te va a recetar un maravilloso champú de John Masters Organics o de Shu Uemura, que además de sonar muy chics, son buenísimos (sin sulfitos, parabenos... que no sabes qué son pero parecen el uranio del s. XXI). Pero, no! tu estilista sólo quiere que te gastes el dinero en él! Así que te receta Kerastase. Es el champú de las peluqueras de toda la vida, bueno, bonito y lo mejor, más barato que los chic (y sin uranio ;).

Ahora viene lo mejor, que el champú encima funciona. Te devuelve la suavidad robada. Rubia, si pero con suavidad.

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