Del amor y otras mentiras

Querida amiga,

Me duele ver cómo te haces daño preguntándote ¿Porqué no eras lo bastante buena?...
Me duele ver cómo justificas todas sus gilipolleces, excusando que quizás le hablaras mal y que por eso quizás te haya dejado de llamar...
Me duele saber que era un embaucador. Un 'prenda' más de todos los de la colección...

Y te voy a decir algo: lo peor de todo es, que si toda la energía que estás poniendo para idealizarle, la transformases en dignidad, no tardarías ni un segundo en ver, que en la vida, aunque no todo sea blanco o negro, hay cosas que sí lo son: O quieres o no quieres, o te quieren o no te quieren. No hay mucho más.

Ahora, amiga mía, no hagamos un drama. Vuelvo a apelar a tu dignidad; al que te quiera, que te quiera bien. Hoy tú eres la dejada, pero seguro que tú has dejado otras veces. Es un equilibrio que nos permite saber lo que hoy no recuerdas: que igual que una vez te quisieron, te volverán a querer. Que sí, que hay muchas mujeres más jóvenes que tú, más interesantes que tú, más 'todo' que tú... Y también las hay menos, mucho menos. Que para gustos los colores, no?

¿Sabes dónde está el truco? En quererte a ti misma. En perdonarte todas las excusas que le perdonaste a él y en ser feliz.

Enamórate de ti misma, amiga. Porque si tú no te quieres bien, nadie más te va a saber querer.

Volver arriba