De tu recuerdo y otras cosas Prescindibles

Ana Borrego

Dicen que el tiempo pone a cada uno en sitio…Espero que haya vacantes en el infierno.

Tras un simple beso, una tarde de invierno cualquiera, nos
prometimos amor eterno. Ahora pienso que todos tenemos un
momento estúpido en nuestra vida del que no nos percatamos
hasta pasado un tiempo.

Decidiste condenarme al ostracismo y te llevaste contigo todas mis
promesas de amor. Eso sí, olvidarme, no me olvidaste así como así.

Mientras pudiste explotar ese servilismo desaforado que me
caracteriza, aprovechaste para jugar a dos bandas, y mientras me
dejaba la piel por volver a ganar tu corazón, me cambiaste por otra
con unas tetas y un culo inversamente proporcionales a los míos y
un cerebro cerrado por vacaciones. Ingenua de mí, perdí tantas
horas tratando de complacerte, tantas noches de insomnio, tanto
derroche de amor no correspondido, que no fui consciente de tu
doble juego.

Pero todo llega, querido. Y llegó el momento en el que mis ojos se
abrieron y mis sentidos se pusieron en alerta…y estalló la tormenta.
Resentimiento?, despecho? Llámalo X. Te abandoné como el que
abandona la cárcel tras años de reclusión, sin dejarte siquiera
ofrecerme esa disculpa que ya sabía no iba a llegar nunca. El
ignorarte fue mi mejor arma y mi mayor venganza.

Lejos de ti he conocido lo que es la felicidad, soy libre, soy como
realmente quiero ser. Sé que andas vagando por esquinas de amor
de compra y venta, obnubilado por sustancias de dudosa
procedencia, y sabes qué? No me importa en absoluto, solo deseo
que te vaya bonito. Tu recuerdo formará parte de mi historia, eso es
inevitable, pero más importante será tu olvido, ya que recordarte
siempre será algo prescindible.

Ya no te quiero, pero como dijo Neruda, tal vez alguna vez te quise.

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